Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

La Inteligencia Artificial cada vez menos artificial.

Cada vez más a menudo encontramos noticias alarmantes sobre la inteligencia artificial, sobre todo en lo referente a su uso de forma digamos, poco legítima y a la invasión de nuestros datos y derechos. Stephen Hawking piensa que su triunfo puede significar “el fin de la especie humana”, Elon Musk dijo en una conferencia en el MIT que con la inteligencia artificial estamos invocando al diablo, Bill Gates avisa que la gente debería ser consciente de los riesgos que las aplicaciones de la IA entrañan y Ray Kurzweil, el director de investigaciones de Google, augura que en el año 2040 emergerá la singularidad, una nueva especie producida por la fusión del ser humano con la tecnología.

En esta línea, cada vez se habla más del transhumanismo (ver artículo anterior https://ichavarria.es/el-transhumanismo-siguiente-nivel/) y las consecuencias que puede tener la búsqueda de la inmortalidad a través de la fusión del hombre con la tecnología, la evolución hacia la deshumanización.

Se ha lanzado, con un presupuesto inicial de mil millones de dólares, la iniciativa OpenAI para intentar controlar los riesgos que puedan darse de la mala aplicación tanto del hardware cómo del software de la Inteligencia Artificial.

Los humanos cada vez mas frecuentemente buscamos que nos den los problemas resueltos, uno de los fines de la Inteligencia artificial, solucionarnos la vida, hacerla más fácil y no nos planteamos ya ni siquiera el problema ni miramos cómo se solucionó, no aprendemos, delegamos y eso en generaciones nos hará tan dependientes cómo inútiles.

No trato de asustar ni hablo de conspiraciones (aunque haberlas hailas), solo muestro los hechos. Pongamos un par de ejemplos;

El 6 de mayo del 2010, la bolsa de Nueva York sufrió lo que se denomina flash crash, las cotizaciones habían caído por la mañana un cuatro por ciento. A las 2,32 de la tarde, se puso en marcha un algoritmo de venta para deshacerse de un gran número de contratos de futuro vendiéndolos a un ritmo controlado minuto a minuto. Esos futuros fueron comprados por otros algoritmos de alta frecuencia programados para vendérselos inmediatamente a otros programas.

Esa velocidad llevó al primer algoritmo vendedor a interpretar que la liquidez del mercado era enorme y a aumentar su velocidad de venta con lo que durante unos segundos, millones de dólares se emplearon en operaciones sin sentido, que valoraban erróneamente un activo de 0 a 100.000 dólares. Afortunadamente hay también algoritmos de salvaguarda que paralizaron el caos. Esa jornada el algoritmo que había desencadenado el proceso ganó en muy pocos minutos cuarenta millones de dólares. Llámame paranoico, pero a mi me huele un poco mal.

Otro ejemplo es el del vehículo auto pilotado que entró en bucle en una autopista. El vehículo interpretaba el movimiento de los otros vehículos cómo si los estuviera conduciendo también una IA. cuando se fue a incorporar a la autovía para seguir las indicaciones de su GPS al destino indicado los otros vehículos conducidos por personas en vez de acompasar su velocidad para permitirle la incorporación aceleraban para pasar primero. Esto supuso que el coche autopilotado tuviera que salir de la autopista para evitar poner a los ocupantes en peligro y volver a hacer el camino a la incorporación de nuevo con idéntico resultado. Finalmente tuvo que tomar el control un humano para realizar la maniobra.

Está claro que con suficientes repeticiones la IA habría aprendido y conseguiría incorporarse, pero ¿Qué habría aprendido? posiblemente que los humanos somos unos cafres y que el tráfico es la ley de la selva. Con esos maestros la IA se convertirá en un hooligan del tráfico.

Antiguamente las IA se limitaban a imitar el razonamiento humano y tratar datos sin poder entender ni sacar conclusiones sobre ellos. Con la llegada de los superordenadores, las redes neuronales y los algoritmos genéticos la cosa cambia. Las aplicaciones empezaron a ser capaces de aprender (deep lear­ning) gracias a un proceso de entrenamiento, ensayo y error. Entramos en la nueva generación donde los ordenadores adquieren los sentidos de la vista, el oído o el tacto. Lo que hay en el fondo de estas habilidades es la capacidad de reconocer patrones y abstraer los objetos de forma separada a conceptos concretos. Por ejemplo una foto de una familia con un perro en el campo. El ordenador verá la imagen completa y diferenciará las personas, las plantas y los objetos, además sabrá si cada elemento es un ser vivo y dentro de esto si es humano animal o vegetal. A partir de ahí podemos decir que el ordenador «entiende» lo que está viendo. También tienen ya las IA la capacidad de contar lo que están viendo, en lenguaje natural y en casi cualquier idioma.

Hablando de idiomas, la Inteligencia Artificial hace ya posible escuchar lo que está escrito en internet. En el 2014, Microsoft presentó un programa de ordenador capaz de traducir en tiempo real y Google Translate ya funciona como servicio de traducción inmediata en noventa lenguas. Dentro de nada va ser innecesario el aprendizaje de idiomas, bastará un gachet tipo audífono para escuchar en tu idioma a cualquier persona del mundo que hablará en su propio lenguaje. Teniendo en cuenta que las IA que traducen necesitan entender el significado de cada frase dentro del contexto de la conversación y de la idiosincrasia de la cultura del que habla y del que escucha a mi me parece increíble. Vallamos un paso más allá entrando en zona conspiranoica; ¿llegará la censura a estas IA, traducirán de forma transparente lo que se diga o le pasarán un firewall «políticamente correcto»?.

Si esto nos parece poco pasemos al siguiente nivel, el nivel que les acerca definitivamente a nuestras capacidades. Los ordenadores pueden crear. Las actuales IA son creativas, capaces de crear música, pintura, escultura, arte en definitiva. No hablo de copiar, sino de crear.

Juntemos varias tecnologías y tendremos algo que ya empieza a inquietar. Robótica, Inteligencia Artificial y Realidad aumentada nos acercan a la aparición de seres autónomos no humanos, es decir, androides. Aunque tengo la duda si será la máquina la que se transforme en humano o el humano el que se transforma en máquina, ya veremos que llega antes.

Ver tambien

Robotizando el ejército, una realidad ya en la URSS.

He leído hace poco Rusia ya produce en serie unos robots de combate con inteligencia …